Corredores de bolsa y servicios financieros

Página sin título

¿Qué está buscando?

IMTrust en otras palabras

La Miopía de los Conflictos de Interés

Diversas líneas de pensamiento, supuestamente “modernas”, han ido gradualmente contaminando nuestra sociedad y estableciendo como “valores” absolutos, conceptos o principios distorsionados cuya implementación podría hacer cada día más difícil, el funcionamiento y progreso de la sociedad. 
 
En el mundo financiero y político, es lo que nos ha venido ocurriendo en Chile, respecto del dilema de la administración de los conflictos de interés. Cuando la primera pregunta que surge al entrevistador que interroga al recientemente designado (y flamante) Subsecretario de Deportes, es referida a qué piensa hacer con sus acciones del club de fútbol que tan exitosamente ha conducido, nos damos cuenta que definitivamente hemos ido muy lejos, en cuanto a suponer malas intenciones en todos los que tienen capacidad de influir en cualquier cosa. El conflicto de interés es intrínseco a la naturaleza del hombre. Todo ser humano tiene algún conflicto de interés que con prudencia y corrección, debe saber administrar. El padre que trata de “influir” para que alguien contrate a su hijo en una “buena pega”, quien trata que la empresa donde trabaja elija como proveedor a un pariente o amigo cercano, el médico que recomienda productos de un laboratorio que organiza buenas conferencias internacionales, el concejal que trata en su comuna se pavimente el camino que llega hasta su propiedad, el sacristán que compra flores en el kiosco de un amigo, etc. Cada uno en su nivel y a su escala, enfrenta todos los días diversos conflictos de interés, que debe saber administrar con corrección.
 
Suponer que la única forma de resolver los conflictos de interés es vendiendo el activo que los provoca, es una miopía. Suponer que una persona correcta y altamente calificada para ejercer un cargo, está inhabilitada para hacerlo por el sólo hecho de participar en la propiedad de un determinado activo, es partir derrotado en la batalla que la mayoría de los hombre de bien luchan por ganar cada día; aquella donde las virtudes, la ética y la moral, triunfan sobre las bajezas, los vicios y el pecado.
 
Es triste partir del principio de que no es posible encontrar hombres virtuosos, para la conducción de los destinos principales de nuestra sociedad. Es triste y de lamentables consecuencias, concluir que la única forma de evitar la corrupción y las malas prácticas, es encargando la conducción de nuestras organizaciones y Estado, a personajes “anónimos” que no tienen conflictos de interés con nadie, por que simplemente nunca se involucraron, o nunca crearon nada que pudiese “contagiarlos”. Se nos ha repetido incansablemente por los medios de comunicación, como verdad absoluta, que la conducción del Estado debe estar en manos de “políticos”, como si no resultara obvio que son justamente los promotores de esa postura, los que están actuando desde su propio conflicto de interés. El buen servidor público, es aquel que realmente está dispuesto a dejar de lado intereses más inmediatos, está dispuesto a postergar planes y proyectos personales, para servir a los demás (distinto a “servirse” de los demás).
.
Muchas de las nuevas autoridades designadas tendrán que presentar en los próximos días sus declaraciones de patrimonio, para que con la transparencia adecuada, pueda haber un justo y debido control, en la administración y buena gestión que cada uno deberá hacer de sus propios conflictos de interés. No faltarán las voces que descalificarán, o pedirán se aplique con rigor la misma vara que el propio Presidente electo –libremente- se autoimpuso, al decidir vender algunos de sus activos principales. Para quienes creen que la única forma de eliminar el conflicto de interés es vendiendo el activo que lo provoca, es importante recordar que si la conducción del Estado recae en quién busca ser servido y no servir, no hay solución posible. El verdadero problema es cuando a un pueblo lo conducen personas que se han entregado o dieron por perdida, la guerra de la virtud. Si las personas elegidas para conducir nuestro destino, quieren verdaderamente servir, aspiran a ganar esa batalla fundamental de la vida, entonces cada uno sabrá encontrar correctamente, una solución adecuada a sus propios conflictos de interés. Por su parte, el propio Estado sabrá también construir y administrar los procedimientos adecuados, para que siempre exista control y adecuada gestión de los mismos. Las virtudes existen, la gente bien calificada, buena y correcta, también.

Comentarios




Enviar Comentario

Nombre :
E-Mail :
Comentario :
Por: Guillermo Tagle Quiroz
Socio - Director Ejecutivo
 
Av. Apoquindo 3721 Piso 9 - Las Condes - Santiago, Chile. Teléfono: 56 (2) 450 16 00

Mapa del sitio | Políticas de Seguridad | Información Legal