Columna de OpiniónLa película chilena NO, dirigida por Pablo Larraín y que logró un reconocimiento récord en la industria del cine latinoamericano, ha permitido a muchos chilenos, entender mejor nuestra historia y reflexionar con la perspectiva del tiempo, cuánto ha cambiado Chile. También permite algunas reflexiones respecto del foco con que deberíamos mirar el futuro, si queremos dar un nuevo salto de progreso social. Volver a duplicar los estándares y calidad de vida en los próximos 20 años, así como ocurrió en los pasados 20. Para muchos, que disfrutamos del cine como una experiencia principalmente de entretención y distracción, ver una película que recordara y resaltara el clima de tensión y división que se vivía en Chile en los años 80, no era un panorama que se pudiese considerar motivante. Llegué a verla por descarte o simplemente, porque se presentó la oportunidad. Sin embargo, fue notable descubrir en la historia relatada, fundamentada con gran cantidad de documentos reales de nuestra historia, cómo una estrategia bien diseñada y tal vez no muy bienvenida inicialmente por los dirigentes que debía representar, logró cambiar tan profunda y radicalmente la historia de nuestra querida Patria. Cambiar desde una estrategia de denuncia y reclamación, a una estrategia de proyección futura de bienestar, alegría y optimismo, no sólo permitió a la Concertación llegar al poder, si no que también permitió que, una vez en el Gobierno, pudiesen poner mucho mayor énfasis en la proyección de futuro, en el sueño de construir un país mejor y menos en “vengar” sufrimientos o volver al pasado.
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